Por Adriana Vargas
La llave del corazón de un ángel
Por ahí escuché que las grandes cosas
pasan en un abrir y cerrar de ojos,
al igual que llegan las ilusiones
y las manías de los antojos.
Esas grandes cosas resplandecen
y nos cegan con su luz,
hasta el punto de convertirse
en ángeles que caen del cielo azul.
Ángeles que se condensan
al llegar a nuestras vidas,
las inundan con gotas de dulzura,
pero algunas se evaporan:
se convierten en nubes de amargura.
Llega el momento,
la tormenta es inevitable,
los ángeles desaparecen,
sólo veo nubarrones y
las gotas que caen:
lágrimas que se desvanecen.
Dicen que las lluvias fuertes hacen
que las cosechas crezcan exitosamente,
pero mi ilusión y mi falsa realidad
sólo esperan ese arcoiris eterno,
por el que te deslizas hasta mi mente.
Sólo así, regresa esa luz resplandeciente
que trae a mi vida ese ángel paciente.
Ahora que lo pienso,
al otro extremo del arcoiris voy a ir,
sólo de ese modo podré encontrar
la llave del corazón del ángel
por el que he de vivir.



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