A menos de un mes para que los estudiantes que cursan el Bachillerato por Madurez en los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos realicen las ansiadas pruebas, es necesario preguntarse ¿están bien preparados? ¿responden estos programas a sus necesidades? Resultaría fantástico responder positivamente a estas interrogantes, sin embargo, se debe ser crítico y argumentar con toda seguridad que resultaría risible pensar que en un lapso de seis meses (marzo a agosto) se logre desarrollar todos los contenidos presentes en los programas de estudios de décimo y undécimo año. Apegado a esta realidad encuentro complicado que un estudiante en menos de medio año interiorice o mejor dicho memorice (así lo exige el sistema) la amplia carga curricular presentes en los programas de la educación diversificada que serán evaluados en el examen.
Recientemente integrado a los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos como profesor de estudios sociales encuentro inaudito concebir que un país que se vanaglorie a viva voz sobre su estatus educacional no apueste a una seria política educativa que revalorice la necesidad de crear condiciones adecuadas a todos los estudiantes y no solo a un grupo. Las personas adultas y los jóvenes excluidos de los demás programas educativos que suman la mayor cantidad de personas matriculas en estos programas adversan una serie de dificultades socioeconómicas, afectivas y frustraciones que no los exime del derecho a recibir una educación de calidad con proyectos curriculares propios adecuados a sus necesidades donde el tiempo no constituya un obstáculo para desarrollarlos.
Si bien es cierto los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos se convierten en una oportunidad importante de acceder a la educación (sino la última) para buena parte de la población, es cierto también, que ganar el bachillerato se convierte en una carrera injusta y desleal contra el tiempo; llenarse de paciencia constituye la lógica para no desesperar. Y ni qué decir del gasto económico que representa.
Para esta población matricular los exámenes constituye un reto de tipo académico como económico, cada examen cuesta 3 500 colones para un total de 21 100 colones para las personas interesada en matricular las seis materias de una sola vez (estudios sociales, español ciencias, matemáticas, inglés y formación ciudadana). A esto se le debe sumar el precio de los doce libros de texto del maestro en casa editados por el ICER (dos por cada materia impartida) libros que se han dejado de usar de forma obligatoria pero que siguen constituyendo la fuente con la que se redacta los ítems de los exámenes a pesar de su escueta información; cada libro tiene un costo de 4500 colones, un total de 54 000 colones para aquella personas que estén interesadas en adquirir el material original, sobra decir que muchos optan por no comprar todos los libros o por adquirir una copia a un precio inferior.
El desembolso de 75 100 colones entre matricula de exámenes y compra de libros constituye un reto para una familia humilde, un esfuerzo considerable sin lugar a dudas y la mala noticia de todo esto es que no todos los que matriculan los exámenes ganan la nota mínima para aprobar en su primera convocatoria debido en gran medida a la falta de preparación, por lo tanto, el pago de más exámenes se hace necesario, convirtiéndose en un círculo vicioso o un negocio sucio como lo quieran ver.
Es doloroso como docente contemplar cómo se derrumban poco a poco las ilusiones, “el no puedo”, “el que voy hacer”, “nunca voy a poder ganar ese examen” constituyen expresiones comunes entre aquellas personas que sacando un rato de sus apretadas agendas familiares, laborales y comunales emprenden la tarea de estudiar, un acto admirable; personas con más de quince años de no estudiar y jóvenes desplazados de los colegios diurnos salen a luchar por un futuro mejor que parece cada vez más difícil.
Las ansiadas ganas de superación quedan opacadas por la mala planificación y el olvido histórico que estos programas han sufrido por parte del MEP, que está más interesado en promocionar la trimestralización, los proyectos de ética estética y ciudadanía así como invertir en la educación técnica que posibilite la creación de obreros calificados que en crear regulaciones que mejoren la calidad, cobertura y diseño curricular de la educación abierta.
En conclusión se puede decir que los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos no son atendidos con la seriedad del caso, entre otras cosas, se debería de eximir del pago de los exámenes y de los libros a las personas con mayores necesidades económicas, pero sobre todo se debe encontrar una pronta solución a los obstáculos que enfrenta la población matriculada en estos programas. Entre otras medidas se debe ampliar los periodos lectivos como se mencionó anteriormente ya que tres lecciones de Estudios Sociales, Español, Matemática…por semana durante seis meses no son suficientes para completar debidamente los programas de estudios. ¡Somos profesores no magos! Además a esto se deben desarrollar capacitaciones docentes en andragogía (los adultos no aprenden igual que los jóvenes) definitivamente un tema evadido tanto por el MEP como por las universidades que forman educadores. Es necesario entender que los estudiantes de Educación Abierta merecen una educación de calidad no una carrera contra el tiempo.



Comentarios
Comparto esta opinión. Es muy importante garantizar el acceso a la educación para todas las personas, pero eso no se puede hacer en detrimento de la calidad de dicha educación. En lo personal creo que el sistema educativo costarricense completo está atravezando un momento muy difícil y debería entrar en un proceso serio de modernización y fomentar un pensamiento más crítico y solidario.
Saludos
Claro que es un problema, pero hay que reconocer también que todo el sistema educativo de este país esta en muy mal estado y el ministro parece interesarle poco prestar oido a las y los estudiantes y docentes, comenzando por los pesimos programas en todos los ciclos que estan totalmente homogenizados, la población rural e indigena esta bastante olvidada y así un montón de situaciones mas, creo que todo el sistema educativo necesita ser reformado pero por desgracia actualmente no hay ningun Omar Dengo o Mauro Fernández o al menos a los gobiernos (y mas que todo a este gobierno) no le conviene poner un ministro o ministra con esas intenciones o esa visión. Igual creo que el problema de inseguridad ciudadana de este país no se debe a la falta de policias sino a la falta de un sistema educativo fuerte y oportunidades de trabajo dignas.