Alejandro Swaby Rodríguez *
Aquí desde la rebelde Talamanca, mi tierra natal, sitios de historias, saberes, mitos y leyendas, bajo la sombra de un frondoso árbol de cedro, escucho el silencioso susurro de las aguas, del viento que pasa suavemente, el dulce cantos de las aves, las ranas y el bullicio de las chicharras.
Desde este paraíso en medio de la espesa selva, bajo el manto de un mosaico de bosques, que guardan celosamente los restos de las tumbas, las huellas y los espíritus de nuestros antepasados, que siguen sigilosamente cuidados por los guardianes naturales, el Kamuk, el Dooyomm, el Sulayom, el Namasol, Chkabecol y otros sitios, que reconocieron nuestros caciques y guerreros, como los sitios donde dejaron los caminos surcados con huellas de sangre, de pueblo indígena, para toda la eternidad.
Talamanca jamás puede olvidarse de sus guerreros, héroes y mártires que por siglos lucharon por sus territorios y por la existencia actual de nuestros pueblos y a esos luchadores a uno de ellos los verdugos lo llamaron Pablo Presbere, el insigne cacique, el rey de las lapas y quien su pueblo conoció como el Blú de Tsuintsi, arcabuceado y decapitado en Cartago por los españoles el 4 de julio de 1710. Es en el marco de este acontecimiento cruel, inhumano y oscuro para la historia patria, donde debemos hacer un alto en el camino para reflexionar y meditar sobre la verdadera dimensión de esos hechos, que para entenderlos debemos retrocedernos en el tiempo, mirar el pasado, para entender y enfrentar el presente. Es importante para la historia la reconstrucción en nuestras mentes de esas gestas heroicas, para reconocer los heroísmos de nuestros antepasados, que permitieron la sobrevivencia de este pueblo glorioso. “Sin resistencia ni luchas hubiéramos sido totalmente aniquilados y absorbidos”
En este violento escenario de lucha estuvo presente uno de los más grandes guerreros de la época el Blú de Tsuinsi, insigne vigilante de su pueblo, este gran y valiente BLÚ de Talamanca en 1709, a la cabeza de sus guerreros dirigió un fulminante ataque a una guarnición española, establecida en la ciudad de Santiago de Talamanca, tomó el enclave y la destruyó en su totalidad, su poder de convencimiento, hizo que se levantaran en pie de guerra los pueblos originarios, desde Chirripó hasta la Bahía de Almirante, hoy Panamá, dicha insurrección fue un levantamiento cósmico de los pueblos que erradamente llamaron “salvajes”. Tuvo miedo el Gobernador de Cartago, tuvo miedo la Santa Fe Católica y tuvieron miedo los soldados de la Corona Española, al extremo que se ordenó capturarlo vivo o muerto, pero después de muchos intentos fallidos, con mentiras y promesas falsas, fue traicionado y capturado, fue llevado ante el Gobernador de Cartago donde en un simulado juicio fue sentenciado a muerte, fue humillado, arrastrado por las calles de la ciudad, torturado y finalmente fusilado en la plaza mayor. Como una paradoja a este asesinato histórico, hoy en el sitio, se levanta el edificio de la justicia blanca, edificada sobre la sangre de nuestro insigne guerrero de Salamanca, ejecutado el 4 de julio de 1710.
Pueblos originarios del país, las gestas heroicas de Blu de Tsuinsi es un eslabón de resistencia de una larga cadena de hechos históricos que protagonizaron otros grandes Blupas. El 4 de julio también debe servir para rendirles tributo a esos grandes blupas, que sacrificaron sus vidas por nuestros pueblos y hoy pasan en el anonimato de la historia como el gran Waikara quien en 1610 encabezó una rebelión que arrasó con el primer enclave español, la ciudad de Santiago de Talamanca, el Blú Cereneo que destruyó en 1613 otra guarnición española, en 1662 el Blu Katsi tomó y destruyó la ciudad de Bartolomé de Duqueiba, la resistencia de los pueblos originarios no cesaron en los tiempos y prosiguieron con el Blu Francisco Cagri, Diego Eveno, Juan Saravá, Juan Ivaisara, Lépis, Berchi, Santiago, Antonio Saldaña y de muchos otros que la historia escrita ha ignorado y se ha encargado de olvidar. Hoy nosotros los descendientes de estos héroes, protagonistas de nuestra historia, no debemos dejar que las tinieblas del olvido opaquen la memoria y el honor, que cada uno de ellos representa, para nosotros como pueblos y para el país en general, porque sus espíritus recorren nuestras, venas, mentes, tierras, montañas, valles y ríos.
Basta internarse en nuestros espesos bosques, donde por las noches no solo se escuchan los monótonos cantos de los búhos y el temible rugir de las panteras, también se escuchará al dios Yeria, jupiando a sus perros, los gritos de Dualók y Shulakma, alentando a sus guerreros en combate, a Sorbulo, el dios acorazado, quien dirige las batallas y los cantos de los gallos anunciando la señal de triunfo.
Hoy 519 años después de la invasión de nuestros territorios, aún vivimos la escoria de un proceso que se inició hace largos cinco siglos, desde ese tiempo nos convirtieron en extraños en nuestras propias tierras discriminados y marginados de nuestros derechos fundamentales.
En pleno Siglo XXI se sigue hablando de reservas indígenas, etnias, de nuestros indígenas, como si les perteneciéramos a alguien o fuéramos sus esclavos, y se nos han negado nuestros derechos autóctonos como pueblos originarios, prueba de ello es el proyecto de Ley de Desarrollo Autónomo que tiene 24 años de estar en el Congreso, sin contar con la voluntad de los señores diputados para aprobarla.
Han pasado cinco administraciones y lo han congelado en las gavetas, desde la primera administración del señor Óscar Arias 86-1990, administración Calderón Fournier, Figueres Olsen, Miguel A. Rodríguez, Abel Pacheco, Óscar Arias y hoy, Laura Chinchilla, quienes a la fecha no han mostrado interés por impulsar a favor de los pueblos originarios este importante proyecto de ley, pero cada cuatro años pululan por las comunidades pidiendo votos, pero en fin a todos les decimos “el indio vive y nuestras luchas siguen”. Hacemos propias en esta ocasión las palabras de los líderes indígenas del mundo, en su congreso internacional celebrado en San Cristóbal de las Casas en 1991 y que se denominó “Amerindia hacia el Tercer Milenio”, en dicho evento elocuentemente se expresó que Amerindia ha sido, es y permanecerá indígena en su esencia, porque los pueblos indígenas constituyen el núcleo de su verdadera identidad. Con esta firmeza y convencidos plenamente del contenido cosmogónico, espiritual y filosófico de nuestra cultura, construiremos las estrategias con las que incursionaremos en el nuevo milenio y como el Blú Tsuintsi y demás Blupas, héroes y mártires, estaremos prestos a enfrentar los retos y desafíos que se nos presente, hoy, mañana y siempre, sobre esta tierra de Talamanca.
* Líder indígena
Fuente: http://www.diarioextra.com/2011/agosto/20/opinion05.php



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