Por Luis Diego Molina
El tema de los vendedores ambulantes en San José resulta complejo desde los puntos de vista de los diferentes actores involucrados y han sido meditatizados sesgadamente a lo largo de los años.
En este artículo (el primero que escribiré sobre el tema y espero que no sea el último) presento una breve entrevista realizada al Licenciado en Sociología Alexander Araya, quien comparte al respecto:
¿Representan los vendedores ambulantes una "amenaza" al orden público?
¿Cómo resolver este fenómeno?
¿Existe o debería existir una manera de regular la forma en que los policías municipales tratan con estos vendedores?
Estas respuestas son desde un punto de vista sociológico. Pronto hablaremos del tema desde el punto de vista de los vendedores mismos.
¿Ustedes qué opinan sobre las preguntas planteadas? ¿Cómo las responderían?
El tema de los vendedores ambulantes en San José resulta complejo desde los puntos de vista de los diferentes actores involucrados y han sido meditatizados sesgadamente a lo largo de los años.
En este artículo (el primero que escribiré sobre el tema y espero que no sea el último) presento una breve entrevista realizada al Licenciado en Sociología Alexander Araya, quien comparte al respecto:
¿Representan los vendedores ambulantes una "amenaza" al orden público?
Es debatible. El asunto es que desde la visión de los gobiernos locales, estos vendedores ambulantes serían parte de la economía informal: no necesariamente generan impuestos, obstruyen las vías públicas, se les vincula con el narcotráfico o la criminalidad. Sin embargo, no se generan otras opciones de empleo para estos grupos. Entonces, la palabra "amenaza" podría ser correcta, pero requiere profundizar sobre que espacios de la vida pública inciden dichos colectivos: Si en efecto hay quién vende papas y vende droga a menores sería un caso muy distinto de quién solamente vende productos, la o el vendedor de artesanías que se ubica en una esquina no causa tanta amenaza a la economía global como la red de quiénes ofrecen películas o música de la llamada "piratería". Esa es la complejidad del fenómeno.
¿Cómo resolver este fenómeno?
Requiere de múltiples respuestas sociales: Primero, está bien la idea de crearles un espacio para realizar su actividad de una forma más "legal", pero el problema es que estos grupos apuntan a las calles con mayor tránsito y se les segrega a las periferias o espacios no funcionales. Segundo, requiere una revisión de las oportunidades que tienen los y las ciudadanas de incorporarse a la economías.
Posiblemente, ese oficio de venta ambulante no necesariamente es lo que estas personas desean realizar para ganarse su sustento, pero es la única opción disponible de trabajo digno. Tercero, remite también a un tema de educación, porque en ocasiones estos individuos no tienen "lo necesario" para incorporarse a otros oficios.
El problema es que se les sataniza cuando en realidad sería posible incluirles de una forma más funcional y regular su actividad, en términos de su participación con actividades ilícitas como las mencionadas, pero por el contrario, se les excluye y se les persigue como si fuesen delincuentes, se usa excesivamente la fuerza y violencia contra estos grupos y se olvida que son personas que requieren de esa actividad para mantener sus núcleos familiares.
Si reaccionan con agresividad ante estas represiones, los medios de comunicación los estereotipan como peligrosos, y solamente son ciudadanos que defienden su modus vivendi.
¿Existe o debería existir una manera de regular la forma en que los policías municipales tratan con estos vendedores?
Debería existir, pero el tema es difícil dado que las agresiones en ocasiones se emplean con la excusa de "defenderse" de un ataque. Hay casos de casos. Cuando un vendedor ataca un policía municipal y se emplea la fuerza, sería correcto, dado que hubo una agresión a un oficial que representa el Estado y la ley. La dificultad radica en "probar" quién atacó a quién primero, y es ahí donde hay diversidad de versiones.
Además, es una tensión histórica, dado que los mismos policías se enfrentan a los mismos vendedores año tras año, conflicto tras conflicto, y ambas partes intentan cumplir con su trabajo: Los vendedores quieren ganar su dinero. Los policías deben evitar que los vendedores estén en la calle. No hay manera de conciliar estos objetivos opuestos.
Estas respuestas son desde un punto de vista sociológico. Pronto hablaremos del tema desde el punto de vista de los vendedores mismos.
¿Ustedes qué opinan sobre las preguntas planteadas? ¿Cómo las responderían?



Comentarios