Escrito por Johnny Schmidt
¡Hay preocupación! Con el pasar de los días, meses y años, esa preocupación ha crecido. Pero la preocupación por sí sola, no tiene sentido alguno, carece de toda validez.
Vivimos una realidad muy distinta a la que nos tocó vivir hace 40 años atrás y hoy, gozamos de muchos avances en tecnología pero paralelamente a ese avance, hemos retrocedido en campos vitales para la continuidad de la vida y de las generaciones que vienen detrás.
Somos una generación con educación, con valores morales y éticos bien arraigados, con madurez y experiencia en muchos campos profesionales, pero sobre todo en el campo más importante que es la vida misma.
Somos culpables de ser espectadores, criticamos pero no actuamos. Hemos creído que la responsabilidad es de otros y hemos entregado el poder de tomar decisiones a personas que, aunque muy conocidas e involucradas durante toda su vida a la política, no han conseguido un desarrollo para éste país, equitativo a todos los que vivimos en él.
Es evidente que las oportunidades para lograr el bienestar -económico, cultural y espiritual-, no son iguales para todos. Quienes se benefician de casi todas las acciones del gobierno, son los que más tienen y menos necesitan del Estado. Del otro lado están, los que tienen poco y necesitan de la solidaridad del Estado para lograr un grado mínimo de estabilidad en todos los campos necesarios para lograr y disfrutar al menos, un poco de ese bienestar.
Los seres humanos vivimos en sociedad, no somos seres aislados unos de otros. Nuestra especie –comparada a otras- es débil y nos necesitamos unos a otros para subsistir. Es necesario entender que si los otros están bien, yo me beneficio de eso. No es sólo cuestión de estar bien yo, necesitamos tener bien a la sociedad y a quienes la componen.
Además, los seres humanos tenemos un solo lugar para vivir. El planeta Tierra es nuestra única casa. Y nosotros, sus ocupantes, la hemos venido destruyendo aceleradamente en vez de cuidarla como lo hacemos con nuestras viviendas. ¿Acaso no nos importa lo que vamos a heredar? Existe un principio básico que puede cambiar y enderezar el rumbo.
Este principio se llama EL BIEN COMUN, es un tema antiguo y polémico del que se habla desde los tiempos de Aristóteles. Los doctrinas políticas a través del tiempo, adoptan éste principio y basan su pensamiento en esos ideales. La Social Democracia, los Social Cristianos y hasta los comunistas basan su ideología en EL BIEN COMUN.
El problema –claro está-, en que el capitalismo, el poder económico, la vanidad y la estupidez, le han venido ganando la batalla al principio de EL BIEN COMUN, y hoy tenemos gobiernos orientados al neoliberalismo y no al socialismo.
No hace mucho, la ONU adjuntó a la Declaratoria de los Derechos Humanos, la Declaratoria del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Un documento esperanzador, que refleja que existe una conciencia colectiva a nivel mundial de que Aristóteles, Jesucristo, los Pontífices y cientos de personas que han creído y divulgado éste principio, no estaban equivocados.
Hoy es un tema que se discute y del que se habla en todos los ámbitos. Obviamente que saltan los enemigos… aquellos qué egoístamente, viven su vida basados en tener más cada día, pasándole por encima a quién le tengan que pasar, con tal de lograr su objetivo. Esos enemigos del BIEN COMUN, no les interesa si el planeta colapsa dentro de 50 ó 100 años, porque ellos ya no estarán aquí.
Sin embargo, creo que en cantidad somos muchos pero muchísimos más, los que vivimos a diario la preocupación por el planeta, por la contaminación, por el cambio climático y sus consecuencias, por el consumo y gasto responsable del agua, por los males que aquejan a nuestra sociedad y a nuestros semejantes, y quisiera no equivocarme al afirmar que somos cientos de miles que ya no creemos en los políticos de siempre y quisiéramos un gobierno basado –verdaderamente- en los principios del BIEN COMUN.
¡Hay preocupación! Con el pasar de los días, meses y años, esa preocupación ha crecido. Pero la preocupación por sí sola, no tiene sentido alguno, carece de toda validez.
Vivimos una realidad muy distinta a la que nos tocó vivir hace 40 años atrás y hoy, gozamos de muchos avances en tecnología pero paralelamente a ese avance, hemos retrocedido en campos vitales para la continuidad de la vida y de las generaciones que vienen detrás.
Somos una generación con educación, con valores morales y éticos bien arraigados, con madurez y experiencia en muchos campos profesionales, pero sobre todo en el campo más importante que es la vida misma.
Somos culpables de ser espectadores, criticamos pero no actuamos. Hemos creído que la responsabilidad es de otros y hemos entregado el poder de tomar decisiones a personas que, aunque muy conocidas e involucradas durante toda su vida a la política, no han conseguido un desarrollo para éste país, equitativo a todos los que vivimos en él.
Es evidente que las oportunidades para lograr el bienestar -económico, cultural y espiritual-, no son iguales para todos. Quienes se benefician de casi todas las acciones del gobierno, son los que más tienen y menos necesitan del Estado. Del otro lado están, los que tienen poco y necesitan de la solidaridad del Estado para lograr un grado mínimo de estabilidad en todos los campos necesarios para lograr y disfrutar al menos, un poco de ese bienestar.
Los seres humanos vivimos en sociedad, no somos seres aislados unos de otros. Nuestra especie –comparada a otras- es débil y nos necesitamos unos a otros para subsistir. Es necesario entender que si los otros están bien, yo me beneficio de eso. No es sólo cuestión de estar bien yo, necesitamos tener bien a la sociedad y a quienes la componen.
Además, los seres humanos tenemos un solo lugar para vivir. El planeta Tierra es nuestra única casa. Y nosotros, sus ocupantes, la hemos venido destruyendo aceleradamente en vez de cuidarla como lo hacemos con nuestras viviendas. ¿Acaso no nos importa lo que vamos a heredar? Existe un principio básico que puede cambiar y enderezar el rumbo.
Este principio se llama EL BIEN COMUN, es un tema antiguo y polémico del que se habla desde los tiempos de Aristóteles. Los doctrinas políticas a través del tiempo, adoptan éste principio y basan su pensamiento en esos ideales. La Social Democracia, los Social Cristianos y hasta los comunistas basan su ideología en EL BIEN COMUN.
El problema –claro está-, en que el capitalismo, el poder económico, la vanidad y la estupidez, le han venido ganando la batalla al principio de EL BIEN COMUN, y hoy tenemos gobiernos orientados al neoliberalismo y no al socialismo.
No hace mucho, la ONU adjuntó a la Declaratoria de los Derechos Humanos, la Declaratoria del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Un documento esperanzador, que refleja que existe una conciencia colectiva a nivel mundial de que Aristóteles, Jesucristo, los Pontífices y cientos de personas que han creído y divulgado éste principio, no estaban equivocados.
Hoy es un tema que se discute y del que se habla en todos los ámbitos. Obviamente que saltan los enemigos… aquellos qué egoístamente, viven su vida basados en tener más cada día, pasándole por encima a quién le tengan que pasar, con tal de lograr su objetivo. Esos enemigos del BIEN COMUN, no les interesa si el planeta colapsa dentro de 50 ó 100 años, porque ellos ya no estarán aquí.
Sin embargo, creo que en cantidad somos muchos pero muchísimos más, los que vivimos a diario la preocupación por el planeta, por la contaminación, por el cambio climático y sus consecuencias, por el consumo y gasto responsable del agua, por los males que aquejan a nuestra sociedad y a nuestros semejantes, y quisiera no equivocarme al afirmar que somos cientos de miles que ya no creemos en los políticos de siempre y quisiéramos un gobierno basado –verdaderamente- en los principios del BIEN COMUN.




Comentarios
No hay comentarios todavía.