Por la ASOJOD
En este Tema polémico, queremos comentar acerca de un evento cuyos procedimientos preparatorios se han presentado en los últimos días: se trata del referéndum para decidir la unión civil de personas del mismo sexo. Ya en el pasado, en ASOJOD habíamos expuesto nuestra defensa al derecho que tiene cada ser humano para decidir con quién intercambia sentimientos, experiencias y, en general, con quién desea asociarse para compartir su vida. Esto como una manifestación más de la libertad de decisión que tiene cada individuo en el marco del manejo de su propia vida y cuerpo.
No obstante, como es bien sabido, en Costa Rica ese derecho no se respeta de entrada. Es más, un grupo de colectivistas han pretendido someter su reconocimiento a un referéndum. En las últimas semanas se ha informado que ya prácticamente están listas las firmas de petición y que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) inició con los preparativos para la misma, decidiendo realizarla en la misma fecha que las elecciones municipales.
Tratándose de una sociedad tan conservadora como la nuestra, el resultado de esta consulta popular podría ser, cuando menos, predecible. Y a pesar que, a todas luces, se está sometiendo un derecho individual a la decisión de la masa, los "defensores" de los derechos humanos, los "paladines" de la equidad y la justicia social, los "pregoneros" de la inclusión, tanto a nivel nacional como internacional, no hayan dicho gran cosa ante este abuso. Mientras nos dicen que todos los seres humanos tienen derecho al agua, al turismo y a cuanta sandez se les ocurra, guardan silencio ante el atropello que resulta de la negativa a un derecho tan elemental como el de unirse a la persona que se ame y gozar de los mismos derechos que cualquier otra relación sentimental.
En ASOJOD no sólo repudiamos con vehemencia a aquellos que utilizan categorías anti conceptuales como "familia", "sociedad", "bien común", "buenas costumbres", etc. para pisotear este derecho individual, sino que también lo hacemos contra quienes guardan silencio ante este exabrupto. Pero ellos no son los únicos que merecen nuestra más airada crítica: también la reciben quienes dicen defender este derecho a elegir con quién unirse en una relación sentimental, pero a la vez, niegan el derecho a elegir con quién intercambiar bienes y servicios o el derecho a decidir cómo utilizar el dinero que legítimamente pertenece a su dueño o el derecho a elegir sin interferencia del Gobierno.
Todas son caras de la misma moneda: el odio, el revanchismo, la hipocresía y la patológica creencia de que alguien -el gobernante, el cura, el académico, etc.- sabe mejor que cada individuo cómo se debe vivir. Se trata de la misma práctica deleznable y repulsiva de someter los derechos individuales al capricho de la masa, una masa mediocre e ignorante, perversa y degenerada, que necesita autosatisfacerse sabiendo que nadie puede ser diferente, donde se demuestra el odio, la envidia y el miedo que subyace en los colectivistas respecto a dejar al individuo libre para decidir, actuar y vivir.
Desgraciadamente, sabemos que la libertad y los derechos individuales llevan las de perder cuando se someten a la voluntad de la muchedumbre. Por eso, las esperanzas de prevalencia de la decencia y responsabilidad en la votación durante ese referéndum son bastante reducidas.
En este Tema polémico, queremos comentar acerca de un evento cuyos procedimientos preparatorios se han presentado en los últimos días: se trata del referéndum para decidir la unión civil de personas del mismo sexo. Ya en el pasado, en ASOJOD habíamos expuesto nuestra defensa al derecho que tiene cada ser humano para decidir con quién intercambia sentimientos, experiencias y, en general, con quién desea asociarse para compartir su vida. Esto como una manifestación más de la libertad de decisión que tiene cada individuo en el marco del manejo de su propia vida y cuerpo.
No obstante, como es bien sabido, en Costa Rica ese derecho no se respeta de entrada. Es más, un grupo de colectivistas han pretendido someter su reconocimiento a un referéndum. En las últimas semanas se ha informado que ya prácticamente están listas las firmas de petición y que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) inició con los preparativos para la misma, decidiendo realizarla en la misma fecha que las elecciones municipales.
Tratándose de una sociedad tan conservadora como la nuestra, el resultado de esta consulta popular podría ser, cuando menos, predecible. Y a pesar que, a todas luces, se está sometiendo un derecho individual a la decisión de la masa, los "defensores" de los derechos humanos, los "paladines" de la equidad y la justicia social, los "pregoneros" de la inclusión, tanto a nivel nacional como internacional, no hayan dicho gran cosa ante este abuso. Mientras nos dicen que todos los seres humanos tienen derecho al agua, al turismo y a cuanta sandez se les ocurra, guardan silencio ante el atropello que resulta de la negativa a un derecho tan elemental como el de unirse a la persona que se ame y gozar de los mismos derechos que cualquier otra relación sentimental.
En ASOJOD no sólo repudiamos con vehemencia a aquellos que utilizan categorías anti conceptuales como "familia", "sociedad", "bien común", "buenas costumbres", etc. para pisotear este derecho individual, sino que también lo hacemos contra quienes guardan silencio ante este exabrupto. Pero ellos no son los únicos que merecen nuestra más airada crítica: también la reciben quienes dicen defender este derecho a elegir con quién unirse en una relación sentimental, pero a la vez, niegan el derecho a elegir con quién intercambiar bienes y servicios o el derecho a decidir cómo utilizar el dinero que legítimamente pertenece a su dueño o el derecho a elegir sin interferencia del Gobierno.
Todas son caras de la misma moneda: el odio, el revanchismo, la hipocresía y la patológica creencia de que alguien -el gobernante, el cura, el académico, etc.- sabe mejor que cada individuo cómo se debe vivir. Se trata de la misma práctica deleznable y repulsiva de someter los derechos individuales al capricho de la masa, una masa mediocre e ignorante, perversa y degenerada, que necesita autosatisfacerse sabiendo que nadie puede ser diferente, donde se demuestra el odio, la envidia y el miedo que subyace en los colectivistas respecto a dejar al individuo libre para decidir, actuar y vivir.
Desgraciadamente, sabemos que la libertad y los derechos individuales llevan las de perder cuando se someten a la voluntad de la muchedumbre. Por eso, las esperanzas de prevalencia de la decencia y responsabilidad en la votación durante ese referéndum son bastante reducidas.



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