No tengo intención en este espacio de dar una perorata de valores al estilo de la escuela, sino que saco este tema a colación por la relevancia que posee dentro de la vida en sociedad, es decir el simple de hecho de que vivimos rodeados de otras personas.

El pasado martes 10 de agosto la Sala Constitucional dictó un fallo que me parece histórico en nuestro país. Un fallo a favor de la tolerancia, que a veces parece ser cada vez más escasa en Costa Rica. La Sala prohibió que las masas decidan si un grupo de personas (en este caso los homosexuales) pueden tener derechos civiles. Eso es como querer realizar una votación para decidir si las mujeres pueden seguir trabajando, o las minorías étnicas pueden votar en las elecciones presidenciales. Simplemente no tiene sentido.

Muchas personas no aceptarán el homosexualismo, u otras prácticas ajenas a su concepto de moral. Sin embargo, la moral, así como la religión y otras creencias son algo completamente subjetivo. Algo personal. Y está bien tenerlas, tenemos derecho a ver el mundo a nuestra manera. Lo que no podría jamás estar bien es tratar de imponer esa forma de ver las cosas a los demás. Si hacemos eso no sólo irrespetaríamos la democracia, sino que a la vida humana en sí misma.

Si yo comparto o no que dos personas del mismo sexo sean pareja sentimental, es irrelevante. Sólo a ellos dos les debe interesar. Y así es con todo en la vida. Debemos aprender a respetar y tolerar las diferencias, porque estas son las que nos unen. Sólo así nuestra sociedad podrá vivir en paz.

Luis Diego Molina

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