Costa Rica como Patria, tiene identidad de madre y mujer: brota la vida de sus rincones; con el agua que le sale de sus cumbres le sostiene la vida a sus hijos, sirviendo lo más puro que apaga la sed directamente en sus bocas. Tiene piernas gruesas y fuertes, de hasta 40 y más metros de alto, que terminan formando selvas oscuras y ocultas. Tengo que reconocerla hermosa.

Es un refugio, su seno materno con calor de volcán y sus ojos marinos; uno a cada lado de su extensión. Quien ha estado en una noche lejana, ojalá con un abrazo de esos que se vuelven a vivir cada vez que se piensan, me dará la razón de que no hay cabellera más hermosa que su pelo negro titiritando estrellas, cubriéndonos a todos. Pero bien dicen por ahí, que “la suerte de la fea la bonita se la desea” y parece aplicarse a nuestra Tierra. Costa Rica tiene la pésima suerte de que la han visto y deseado ojos de proxeneta; de traidor. Y… ¿qué se puede esperar del desgraciado que no estima NI a su propia madre? Por estúpido que parezca: hipotecar la casa a cambio de suntuarios; algo así como comprar platos pero botar la comida. Una hipoteca que lleva las de perder.

No faltan los cuervos nunca; cuervos que chillan y se indignan porque “quieren ser muy modernos, y producir” o “porque ellos quieren que sea acá todo ojalá como en tal o cual país” ¿No se verán los cuervitos como peones perfectos para el “social-dumping”? Estos no, los cuervos-humanos no son inteligentes; Natura, con mucho cuidado, premio con inteligencia solo a los cuervos silvestres. Sabios los abuelos cuando dicen “cría cuervos y te sacarán los ojos” pero ¿cómo hace la Patria? ¿Cómo si ella funciona diferente? No le queda más que delegar la tarea de educar y gobernar en otros… Y bien sería mejor que hubiera más sapos y menos palomas en esto. La última que pasó volando y está perchada tiene el suelo nacional como palo de perico.

Mi mamá creció en un país sin TLC, ni usado ni achinado. Cogió café, vendió números, aseó casas. Todos trabajos honrados; ninguno se lo ofrecieron por votar por alguien. Después estudió. Me crió a mí; que creo que no soy tan mala mujer, y me siento bastante sana. No le temo al futuro y veo oportunidades por todas partes. Quizá porque crecí sin miedos. Ella, nunca estuvo desnutrida, nunca le faltaron frutas que agarraba directamente desde los árboles en los cafetales. Igual mi papá, hoy profesional. Se hicieron la mujer y el hombre que más admiro a cuesta de esfuerzo, madurez y ganas. NUNCA les anduvo por la cabeza, ni antes ni ahora, ese ridículo aire de ostentar. Y hemos disfrutado de alegrías, descansos, estudio, trabajo… todo por saber prescindir de las banalidades sociales. Ellos me enseñaron a que todo trabajo honrado es válido y merecedor de respeto, y que no me voy a morir si no me llegan a decir “señora” con ese tono extraterrestre de ínfulas de “la última Coca-cola del desierto.”

Deberían sentir vergüenza el montón de pendejos que se quejan por fallas en lujitos; mientras que muchos niños, con “los progresos y los avances” están desnutridos, duermen en cartón, y sus hijos difícilmente estarán como yo, acá con la posibilidad de estar transmitiendo a través de un teclado lo que pienso. Yo tuve la suerte de que cuando hacía falta, mis papás se levantaban de madrugada, sacaban una cita y de chiquitilla nunca me faltó inyección o medicina que necesitara en esos años de infancia cuando una se enferma hasta por una garua ¿Qué le tocará a esos más pequeños que vendrán ahora que los cuervos y las palomas proxenetas ahogan esos ideales de bienestar común que bien me pudieron salvar la vida cuando el cuerpo apenas generaba defensas? Debe ser peligrosa la oportunidad de que estemos vivos, seguro a esos gobiernitos les da miedo que siga creciendo gente incómoda… Si usted se inquieta, se cuestiona, reclama – lo que ya de por si es suyo-, no les funciona, les molesta; LES ESTORBA.

Si quieren, Señores y Señoras del Legislativo y del Ejecutivo a quienes les gusta eso de los “favorcitos de buena fé”, pueden ir ustedes, cada quien decide que hacer con su cuerpo –dicen por ahí que el trasero es como un tambor y cada quien lo hace sonar como mejor le parezca- pero  dejen de llevarse a tanta gente, y a la Madre misma, LITERALMENTE entre las patas. Lo mismo dirigido a tanto cuervo, que antes que querer sacarle los ojos a la Patria se los arrancó de tajo a sí mismo. Costa Rica, señoras y señores, no existe para prostituta; aunque ustedes parece que no lo entiendan.

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